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Hidrolatos

Los hidrolatos reciben diferentes nombres: agua de flores, aguas florales, hidrosoles, aguas aromáticas entre otras.

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Son aguas vegetales, es decir, producto de un proceso de destilación y se pueden considerar extractos parciales de las plantas de las que derivan. Pueden ser subproductos de la destilación de aceites volátiles (por ejemplo, agua de lavanda, agua de manzanilla, etc.) o de la destilación de materiales de plantas que casi no contienen aceites volátiles en ellos; por ejemplo: flor de sauco, aciano, plátanos. Estos productos deben ser totalmente naturales, sin fragancias sintéticas añadidas, estabilizantes o conservantes, para ser utilizados de forma terapéutica. Es por este motivo que deben ser almacenados de forma cuidadosa ya que son propensos a la contaminación por microbios, en especial una vez que se aproxima la fecha de caducidad.

Los hidrolatos son agentes terapéuticos más ligeros que los aceites esenciales; de acción leve, no tóxicos, y, por lo tanto, ideales para ser utilizados como tónicos para la piel o para realizar baños terapéuticos. La piel del ser humano tiene un pH naturalmente ácido (pH 5.5) que puede sufrir daños cuando se utilizan productos alcalinos (como son muchos productos para el cuerpo fabricados de forma masiva). Sin embargo, la mayoría de los hidrolatos tienen un pH entre 4 y 6 lo que los hace neutros o algo ácidos y son bien tolerados por la piel.  

Tienen un efecto sutil (casi homeopático) sin riesgo de irritación, que los hace adecuados para pieles sensibles, bebés, niños y ancianos.  

El uso de hidrolatos es variado, pero en general incluye los siguientes:

  • para formar un elemento acuoso y diluir una crema en loción antes de la adición de aceites esenciales;
  • para agregar al baño;
  • en conjunto con aceites esenciales en un vaporizador;
  • en reemplazo de agua en la preparación de compresas;
  • para el cuidado de la piel: como tónicos, aerosoles faciales, lociones para después de afeitarse, mascarillas faciales;
  • como vaporizador para infecciones aérobicas e infecciones de la piel, heridas, quemaduras, entre otras en las que debe evitarse el contacto;
  • cuidado del cabello: en champús, acondicionadores y cremas para peinar;
  • para hacer gárgaras y como enjuague bucal;
  • como desinfectante y desodorante de ambiente, por ejemplo, en habitaciones de enfermos;  
  • para humedecer o airear la ropa lavada y la ropa de cama; 
  • como tónico para la piel o corporal, para refrescar el cuerpo (es especialmente bueno para los sofocos);
  • como repelente para insectos.